miércoles, 18 de enero de 2023

José Luis Pineda Soto, funcionario municipal y periodista – Segunda parte

Nombre: José Luis Pineda Soto.

Lugar de nacimiento: Villamartín (Cádiz).

Fecha de nacimiento: 2-11-1899.

Profesión: Oficial 2.⁰ de la Secretaría del Ayuntamiento de Villamartín, periodista, corresponsal telegráfico y editor.

Padres: Juan Pineda Enríquez / Antonia Soto Galindo.

Abuelos paternos: Sebastián Pineda Mateos / Ana Enríquez.

Abuelos maternos: José Soto Márquez / Francisca Galindo Giménez.

Madrina: Josefa Soto Galindo.

Esposa: Josefa Bernal Barea.

Todos sus antepasados cercanos nacieron en Villamartín.

 

Con la presentación anterior encabezábamos la biografía de Pineda Soto, contando entre su nieto José Luis Romero Pineda y yo parte de su biografía hasta donde pudimos llegar entonces (septiembre 2020). Nuevas investigaciones y documentos encontrados me permiten aportar algo más de luz a sus últimos cuatro años de vida: 1934, que es cuando se jubila por enfermedad, hasta 1938 que es cuando fallece.

Enlace a la publicación anterior: «Biografía de José Luis Pineda Soto».


Las primeras noticias que tenemos sobre su grave enfermedad pulmonar son de febrero de 1930. Pineda se dirige a la Comisión Municipal Permanente para informar «Que encontrándome en estado delicado de salud que me imposibilita dedicarme a mi trabajo […]. Suplica me sea concedido un mes de licencia para mi restablecimiento». En ese mismo mes… «Los Sres. concejales acordaron conceder al Sr. José Pineda el permiso que solicita con derecho al percibo de haberes». No sabemos si la recuperación la realiza en Villamartín o se traslada a algún otro lugar, pero ese mes debió mejorar porque se incorpora al trabajo y en el verano de ese mismo año toma la iniciativa como editor de publicar su primera revista de feria y en 1931 la segunda, de la que informamos ampliamente en la entrega anterior.


Por esta acta capitular sabemos que en julio de 1934 estaba aún en activo como oficial segundo de secretaría. En la entrega anterior comentamos que solo se lanzó a la complicada empresa de editor durante las ferias de 1930 y 1931 y nos causa extrañeza por la buena calidad que tenían sus publicaciones, pero la enfermedad y otras posibles causas debieron retirarle del trabajo excesivo (funcionario, periodista, profesor, editor, corresponsal, comercial…), preparando un complejo expediente para solicitar ante la autoridad municipal de Villamartín su jubilación anticipada.


Expediente para la jubilación de José Luis Pineda. Iniciado el 13 de agosto de 1934 y finalizado el 6 de septiembre. (Archivo municipal de Villamartín).

Localizado el documento, concluimos que nuestro protagonista, a partir del 1 de septiembre de 1934, con solo 35 años, pasa a la vida de jubilado, como indica su expediente «por incapacidad física». Los informes de los facultativos Andrés Mozo y Guillermo Troncoso, avalados por el asesor jurídico del Ayuntamiento de Cádiz «coinciden en declarar perjudicial para el interesado, hasta el extremo de considerarlo imposible, por representar un grave peligro para su vida, la permanencia del citado oficial en las oficinas municipales». Por todo ello «este Ayuntamiento acuerda declarar jubilado por incapacidad física al oficial segundo, Don José Luis Pineda Soto y […] considerando asimismo el celo y competencia con que ha desarrollado su labor durante el tiempo que ha desempeñado dicho cargo, [así como] la necesidad de atender a su naciente familia, [y que] debido a la enfermedad que padece no podrá realizar ninguna actividad que aumente sus ingresos, se acuerda que se jubile con la pensión anual de tres mil pesetas, que es el sueldo fijado para la plaza que ocupaba». El acuerdo de Pleno Municipal sigue haciendo más consideraciones, entre otras el permitirle la reincorporación en el caso de sanar. En el mismo acto se estipula correr el escalafón y nombrar en su puesto a Francisco Peña Díaz, pasando de auxiliar a oficial al funcionario Esteban Rubiales Ortega. Firma el expediente y posterior acta capitular, el alcalde-presidente socialista y jornalero de profesión José Espinosa García.

No localizamos actividad política ni militancia activa en las agrupaciones locales de Pineda, ni antes ni después de su jubilación; sabemos de sus simpatías hacia la Segunda República, dejadas por escrito en la revista de feria de 1931, y de alguna manera debió mostrar públicamente un acercamiento hacia el Frente Popular por los hechos posteriores ocurridos. Tras el golpe de Estado de julio de 1936 se produce una gran depuración en todos los Ayuntamientos siguiendo una circular publicada en el Boletín Oficial de la Provincia, ordenando la destitución de todos los empleados vinculados al Frente Popular. A Pineda, en principio, no parece afectarle tal circular por estar jubilado, pero alguna duda surge entre la Gestora recién nombrada…


El alcalde, el monárquico Francisco Romero Jiménez-Pajarero, hace una consulta al Gobierno Civil sobre cómo actuar «con el empleado municipal jubilado don José Pineda, por su actuación en el llamado Frente Popular». El gobernador responde casi a vuelta de correo siendo tajante al respecto: «Le manifiesto que, desde luego, puede esa Corporación acordar, con carácter definitivo, la pérdida de todos los derechos administrativos adquiridos por el citado individuo». Ante esta respuesta, la Corporación Municipal acordó con fecha de 23 de septiembre de 1936 «destituir al mencionado empleado jubilado con la pérdida de los derechos pasivo que en la actualidad disfrutaba». Es decir, que lo dejaron sin la pensión vitalicia de 3000 pesetas que le correspondía por incapacidad permanente para el servicio.

Por informaciones aportadas por su nieto José Luis Romero Pineda, sabemos que el matrimonio y sus dos niñas de cinco y nueve años aguantaron como pudieron con la ayuda familiar. Nuevos documentos localizados en los archivos municipales nos confirman que Pineda no se conformó con la resolución municipal, por otra parte, irrecurrible en plena guerra civil y consiguiente dictadura franquista. Tardó un año en tomar una decisión que suponía para él una humillación, pero la necesidad y la responsabilidad de darle de comer a sus pequeñas y atender a su enfermedad le lleva a presentar un escrito al alcalde, el militar Florencio Cervera Fernández, solicitando la beneficencia.


En la instancia, escrita con buena caligrafía, correcta ortografía y protocolaria educación expone «Que se encuentra enfermo y como carece de recursos no puede atender a su curación. Por tal motivo: Suplico a V.S. se digne acordar mi inclusión, la de mi mujer Josefa Bernal Barea y [nuestras] dos hijas llamadas Antonia y Bárbara en el padrón de beneficencia de este municipio. Así lo espero merecer de V.S. cuya vida guarde Dios muchos años. Villamartín, 11 de octubre de 1937».

Siguiendo los trámites burocráticos habituales, el secretario lo pasa a la alcaldía y a la primera sesión ordinaria que celebra la Comisión Gestora el 13 de octubre, la cual acuerda «quedar sobre la mesa para estudio de la instancia referida».

El tema es llevado a otra sesión dos meses después, concretamente el 15 de diciembre y la Comisión acuerda «conceder la Beneficencia Municipal al vecino de esta villa José Pineda Soto, mientras su situación económica sea tan precaria como en el momento actual». El acuerdo es comunicado al interesado el 31 de diciembre de 1937 («2º Año Triunfal», como consta en el acta correspondiente).


¿Qué suponía en 1938 ser incluido en el Padrón Anual de Beneficencia de Villamartín?

En esa fecha, en plena guerra civil,  aún no se habían desplegado los llamados Servicios Sociales del franquismo (Auxilio Social sobre todo), sino que se mantiene, y más a nivel local, la herencia del pasado, que de forma genérica era conocida como «la beneficencia», la cual trataba de socorrer a los pobres o desvalidos (cuyo mayor grado eran los pobres de solemnidad), a los menores en riesgo, a los mendigos, a los dementes y a los transeúntes, mediante prestaciones graciables, coordinadas por la Junta Local de Beneficencia que gestionaba el Padrón Anual de Beneficencia en el que estaban inscritas centenares de familia villamartinenses a las que principalmente se les prestaba asistencia gratuita médico-farmacéutica, además de acciones puntuales como «el socorro de traslado a hospital»,  «el socorro de lactancia», y otras actuaciones centradas en la alimentación y en el vestir. Pensamos que la familia Pineda-Bernal, con su petición, trataba de acogerse sobre todo a la asistencia gratuita médico-farmacéutica (no olvidemos la gravísima enfermedad del padre), para la cual Villamartín contaba con una plantilla de médicos, practicantes y matronas, sin descartar otras ayudas. La tradición familiar incide en el valioso auxilio prestado por los padres y suegros de Pineda durante esta difícil coyuntura.

El funcionario municipal «ejemplar, culto, abnegado, competente, trabajador…» de 1934 vemos como solo en un par de años se convierte en un simple «individuo» por «simpatizar con el llamado Frente Popular», privado absolutamente de todo lo adquirido por su cargo. Muy mal tuvo que ver la Gestora Municipal su situación (de precaria la califica) para concederle «la gracia» de la beneficencia, ayuda que solo disfrutó durante seis meses.  Así nos contó su nieto José Luis en la entrega anterior el desenlace final de la vida de su abuelo: «El fallecimiento, inevitablemente, llegó un 13 de junio de 1938, cuando todavía no había cumplido los 39 años. Su viuda, nuestra abuela Pepa Bernal, tuvo que abandonar la casa familiar e irse con sus padres que cuidaron de ella y de sus nietas Antoñita y Barbarita, nuestra tía y nuestra madre. Para borrar el rastro de la terrible y penosa enfermedad sufrida directamente por mi abuelo, pero indirectamente soportada por toda la familia, se sacaron los enseres de su uso de la casa y se quemaron; con el humo y las cenizas se fueron sus artículos, sus apuntes, sus libros, todos sus archivos, que de haberse conservado serían a día de hoy un gran legado histórico para los investigadores locales. Villamartín perdió a un hombre inteligente, íntegro y muy trabajador, que adoraba a su pequeña localidad serrana como bien quedó demostrado. La pensión vitalicia, que en derecho le correspondía a la viuda, nunca se reclamó».

 

Fuentes:

·Archivo Municipales de Villamartín (AMV). Libros de Actas Capitulares (AC) y Libros de Actas de la Comisión Gestora (ACG).

 

Bibliografía:

·Libro de Feria de 1992. Ayuntamiento de Villamartín.

·Medicina y Sanidad en Villamartín (1503-2003). Manuel Vidal Jiménez. Fundación Dr. Pascual. 2006.

·Periódico sevillano La Unión. Varios números entre 1923 y 1929.

·Periódico La Voz de Villamartín, números 1 al 12. Colección de Jesús Mozo Gutiérrez.

·República, Guerra Civil y Represión en Villamartín, 1931-1946. Fernando Romero Romero. Ayuntamiento de Villamartín. 2006.

·Revistas de Feria de 1930 y 1931. Ayuntamiento de Villamartín.

·Villamartín. Imágenes de un Siglo II. Coord. Pedro Sánchez Gil y Fernando Romero Romero. Ayuntamiento de Villamartín. 2002.

 

© del texto, Pedro Sánchez Gil, salvo entrecomillados.

© de las imágenes, lo mencionado en el pie de foto.

© de la publicación «Villamartín.Cádiz Blog de Pedro Sánchez». 

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