miércoles, 9 de septiembre de 2026

Pluviometría y temperaturas año agrícola 2025-26

Pluviometría y temperaturas año agrícola 2025-26
Pedro Sánchez Gil / Juan Carlos López Garrido


Otoño globalmente casi normal en cuanto a precipitaciones se refiere (254 mm sobre los 288 esperados) aunque las lluvias llegaron muy avanzado octubre. Entra el invierno con dos meses especialmente lluviosos. Si analizamos los datos al detalle, de esos 509 mm caídos entre enero y febrero, 460 mm lo hicieron entre el 13 de enero y el 13 de febrero, es decir, solo en ese mes cayó cerca de la precipitación habitual de un año agrícola. Además, se llegó a registrar precipitación durante 23 días seguidos. Recordemos el tren de borrascas que barrió la península en ese periodo, especialmente la sierra de Grazalema, con imágenes y hechos que siguen en el recuerdo de todos. Si el año agrícola anterior (2024-25) las lluvias se centraron en marzo y ahí acabó todo atisbo de precipitación importante, lo mismo ha ocurrido este año, pues pasados los meses de enero y febrero solo llegan precipitaciones demasiado separadas para mantener la primavera que sufrió pronto su eclosión y duró poco con los calores tempranos a los que estamos cada vez más acostumbrados.


Últimos diez años agrícolas


Por segundo año superamos la media histórica en más de 200 litros. Nuevamente este año hemos visto correr los arroyos con alegría, los acuíferos llenarse y los embalses cercanos a nuestro pueblo mejorar sus reservas. Bornos tuvo que soltar agua y producir inundaciones en las pedanías jerezanas. Ante la pérdida de este posible reservorio hídrico, en ese momento se habló y reactivó la petición de un trasvase Bornos-Guadalcacín. Esta posible conexión, que para algunos técnicos es compleja, principalmente evitaría las inundaciones en dichas pedanías, además de servir de reserva hídrica.


Con relación a la temperatura máxima fue en julio con 42 ⁰C y la mínima en enero con -0,6 ⁰C. Hasta en cinco meses se superaron los 35 ⁰C (septiembre, mayo, junio, julio y agosto), en siete los 30 ⁰C (octubre y abril, además de los anteriores y en diez los 25 ⁰C (todos menos diciembre y enero). Como curiosidad mayo supero en máxima a junio. Las mayores amplitudes térmicas se produjeron (dentro del mes, no dentro del día) en mayo (29 ⁰C) y en septiembre (26,5 ⁰C). La gráfica nos confirma mínimas suaves en gran parte de los meses del año y que el frío se agudiza en diciembre y enero.


En cuanto a las temperaturas medias mensuales seguimos con la tónica ya habitual de superar en muchos casos las medias históricas de referencia. Solo noviembre, diciembre, enero y agosto estuvieron dentro del rango esperado y se elevaron muy por encima de esa condición octubre, abril, mayo, junio y julio, en el caso de junio con una media +3,5 ⁰C superior a lo esperado. Mayo, y sobre todo junio, han vuelto a comportarse como meses de verano con máximas cercanas a los 40 ⁰C. Si nos remitimos a temperatura media anual, en consonancia con datos contrastados a nivel nacional, estuvo en Villamartín 1,3 ⁰C por encima de la media histórica. La AEMET ya ha catalogado el verano meteorológico de 2026 (junio, julio y agosto) como el «el más cálido de la serie histórica en la España peninsular» con una temperatura media que supera en +2,5 °C el promedio del período de referencia 1991-2020. En nuestro pueblo ese dato se ha superado en +2,3 ⁰C, como vemos en consonancia con la referencia peninsular.

A fecha de cierre de este artículo (9-9-2026), en septiembre ha continuado el fuerte calor con una temperatura máxima de 41,5 ⁰C el día 3.

Datos pluviométricos: Media de varios pluviómetros particulares y estación climática «Cerro Clemente - IVILLAMA20».
Datos de temperaturas. Archivos propios y estación climática «Cerro Clemente - IVILLAMA20».

Para más información puedes visitar la web:

martes, 12 de mayo de 2026

Hijos ilustres y personajes relevantes en la historia de Villamartín

HIJOS ILUSTRES Y PERSONAJES RELEVANTES EN LA HISTORIA DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL VILLA DE VILLAMARTÍN - Antonio Mesa Jarén, Pbro.

En el año 1999 el sacerdote Antonio Mesa Jarén publicó el libro de largo nombre que solemos resumir como Hijos Ilustres de Villamartín en el que recoge la biografía de 16 personas (15 hombres y una mujer) relevantes en Villamartín. Pese a sus dos ediciones, el libro se agotó con rapidez. He creído oportuno sacar una reedición del mismo en PDF, no como publicación facsímil (tal cual) sino previamente digitalizada para que permitiera búsquedas. Los personajes que aparecen fueron elegidos por don Antonio siguiendo sus criterios, resaltando sus conductas positivas como explica en la introducción: «He evitado los apasionamientos, no así la sublimación de la virtud, de la heroicidad, de los valores humanos y cristianos, de los gestos nobles y honrosos, de la solicitud y afán por servir al pueblo y de tantas otras actitudes y comportamientos admirables que resaltan en la vida de estos Hijos y Personajes Ilustres, por encima de sus debilidades y flaquezas». Por su parte Fernando Romero (como prologuista) afirma: «Los hijos de Villamartín que Antonio Mesa rescata del olvido deben entenderse y justipreciarse en su momento histórico. No podemos juzgarlos desde los parámetros culturales dominantes en la sociedad actual, ni pretender imitarlos sin más, porque el momento que vivimos queda muy distante del tiempo a que ellos pertenecen; y las metas que se propusieron y los valores que guiaron sus actos no siempre son válidos para el nuestro». El libro, con el correspondiente permiso de la alcaldía de Villamartín, es de descarga y uso libre, citando «siempre» al Ayuntamiento de Villamartín con propietario del copyright de la edición y a Antonio Mesa Jarén de la autoría.





sábado, 7 de marzo de 2026

MARZO CON «M» DE MUJER – MARÍA RODRÍGUEZ JIMÉNEZ (1942)

Por María de los Ángeles Barrera Naranjo

 

Para conmemorar el 8M de cada año siempre me llegan historias de mujeres de nuestro pueblo anónimas, sencillas, humildes; mujeres que no han sido pioneras de nada ni han descubierto nada, tampoco campeonas de nada, algunas no han ido ni a la escuela; sus nombres nunca saldrán en los libros y casi no han salido del pueblo. Lo suyo ha sido trabajar y trabajar; han venido al mundo para recibir golpes de todo tipo; desde muy niñas han sabido que nadie les iba a regalar nada y que debían ganarse la comida de cada día, la suya y la de sus hijos más tarde. Ese es sin duda su logro y razón de que sus nombres sean escritos en papeles, que se las visibilice. Todas son mujeres fuertes, de vida dura, luchadoras y dignas.

 

Este 8 de marzo de 2026 quiero reconocer a una de esas mujeres humildes y luchadoras cuya vida no ha sido fácil. Sin duda, es referente de la mujer rural de nuestro pueblo, una mujer con fuerza y coraje que ha trabajado la tierra de la que ella y su familia de nueve hijos han subsistido, con productos de la huerta y del paletonal familiar que ofrecía y vendía por las calles de nuestro pueblo; es un ejemplo de resiliencia en el día a día, su modo de vida ha hecho historia en Villamartín porque con ella se extingue no solo este modo de vida trabajando la tierra, sino también una forma de vida, de subsistencia. Este año quiero reconocer a María Rodríguez Jiménez. Es conocida como María la Cepera por su padre y también la mujer del Mocho o María la Mocha por su marido.


 Huerta de los Mochos

Menuda, pequeña, achicada por la edad, que asoma en los pliegues curtidos de su rostro, de ceño algo adusto, pero digna y majestuosa en su sillón, María es de esas mujeres desgastadas y atravesadas por las necesidades desde que naciera en el crítico y hambruno año de 1942, en la calle Sol de El Coto. Nunca se ha quejado porque ha tenido asumida la humildad de su familia jornalera que ha subsistido con los higos chumbos del paletonal que compró su abuelo y posteriormente la huerta familiar de los Mochos. No fue a la escuela, tampoco sus hermanos fueron, había que aportar para comer cada día un plato caliente. De su corta infancia sin juguetes solo recuerda jugar a la cruceta en la Plaza. No, nunca se ha quejado, todo lo contrario; ahora vive feliz, tranquila y agradecida de una vida luchada con las estrecheces de un pasado duro para los desfavorecidos, pero bendecida por los nueve hijos que ha tenido con su marido Fernando Ramos, un hombre de los de antes, del que toma el apodo.

 

Hija de Juan y Josefa, es la mayor de tres hermanos, dos mujeres y un varón; pronto supo que no fue deseada ni querida por su padre, entretenido entonces en una doble vida, que su hija no juzga, pero que debió de herirla, o no. De ella se encargó la madre de este, su abuela paterna Isabel Armario Gilabert, otra de esas mujeres también castigadas por una vida llena de infortunios y estrecheces que tuvo que repartir con sus trece hijos —se le murió una niña y otro hijo varón se mató—, pero arropada siempre por la dignidad de los pobres, la que heredaría su nieta y esta transmitiría a sus hijos: la abuela la acogió y la crio como a otra hija más, hasta que la buena mujer murió cuando María tenía trece años. Con esa edad, ya de muy niña, supo que su vida tenía que lucharla para comer todos los días. Es entonces cuando se va a vivir con su madre a la que debe ayudar en el trabajo en un bar, el bar de Eugenio, ya desaparecido, yendo para Ronda. Es donde conoció a su novio Fernando Ramos el Mocho. Su noviazgo fue paseos en la plaza y algún sábado al cine. No recuerda la fecha de su boda, solo que fue en la iglesia las Angustias y los dos de oscuro. Su hija Pepi me traslada que se casó en 1971.

Familia Ramos Rodríguez

Desde entonces, desde mucho antes, la vida de María ha sido escardar, entresacar algodón, coger garbanzos o aceituna o higos chumbos que vendía en Villamartín hasta que descubrió que en Puerto Serrano escapaba mejor. También lavar en el lavadero de la Fuentezuela con jabón verde que fabricaba su abuela. Y parir casi cada año los primeros hijos, y cuidarlos, hasta nueve: Juan, Pepi, Fernando, Cristóbal, Francisco, Isabel, Antonia, M.ª Dolores y Montañas, todos buenas personas, nobles y muy trabajadores como sus padres. Los dolores de parto de su segunda hija, que nació con un diente como presagio del rol esencial que desempeñará en su familia, le llegan cogiendo aceitunas; apenas lo notaron en su cuadrilla pues en muy pocos días otra vez al tajo. En breve otro embarazo y otro parto. Y otro embarazo y otro parto...Y trabajar y trabajar. Toda su vida ha sido trabajar en el campo, sembrar, cuidar la huerta, recoger el verde y venderlo cada día, lo que debía compaginar con las tareas de la casa y el cuidado de su prole. En el campo, en la huerta, en la calle vendiendo.

 

Cristóbal Ramos con su padre Fernando

Cuando cumple catorce años su hija Pepi, que será desde muy niña su mano derecha, quien la salva y quien la cuida ahora, —otra niña madre a muy corta edad, debe hacerse cargo de la casa y del cuidado de sus hermanos—. A pesar de las estrecheces, Pepi y sus hermanas recuerdan una infancia sin lujo alguno, pero como una etapa feliz de su familia; desde entonces veremos cada día a su madre, acompañada de su hijo Cristóbal con un carro. Todos recordamos la imagen de ese carro tirado por un chaval, su hijo, calle San Juan de Dios arriba, y a María ofreciendo diariamente su mercancía verde, arrancada de la tierra del huerto familiar horas antes: lechugas, acelgas, zanahorias, rábanos, cebollas... Era una estampa que todos los vecinos del pueblo tenemos congelada en la memoria, todos los días de la semana excepto el domingo, hasta que se vendía todo.

 

Fernando Ramos y María Rodríguez

De eso hace algún tiempo. Ya María no sale de su casa, solo salió para ir al campo o vender higos chumbos en Puerto Serrano. Reposa digna y majestuosa en su sillón que solo ahora conoce su peso. Su nombre merece ser escrito en los papeles por una vida de mucho trabajo silencioso, literalmente de sol a sol. María, sin saberlo ni pretenderlo, es una mujer referente de Villamartín, silenciada e invisibilizada que, como muchas mujeres, ha hecho historia de nuestro pueblo. Y ha legado a sus hijos el más preciado valor del ser humano, la dignidad.

Juan Ramos López e Isabel Armario Gilabert, los suegros de María. Fueron el soporte importante de la familia.

Foto familiar. María con su hija Isabel en brazos, Pepi de blanco y sus hermanos varones pequeños. Tras ellos la abuela paterna Isabel Armario, a la izquierda su hijo Juan Ramos.

© del texto, María de los Ángeles Barrera.

Imágenes proporcionadas por la familia.

© de la publicación, «Villamartín.Cádiz Blog de Pedro Sánchez».

jueves, 5 de marzo de 2026

Comparativa pluviométrica de los meses de enero y febrero de 2026 con otros bimestres

En los meses de enero y febrero de 2026 hemos sufrido en Villamartín una acumulación de precipitaciones poco recordada. Todo empezó el 3 de enero y finalizó hacia el 13 de febrero. En esos 42 días se registraron lluvias hasta en 29 de ellos, pero si afinamos un poco más, en los 24 días que van del 21 de enero al 13 de febrero llovió en 23. Todos escuchamos en las noticias lo del «tren de borrascas» que nos afecto en ese periodo. Por suerte no fueron lluvias torrenciales ya que los días más lluviosos fueron el 4 y el 6 de febrero con 69 y 41 mm respectivamente. También hubo fuertes vientos que sí hicieron daños, con rachas registradas de 86 km/h. Al no dar tregua la lluvia, proliferaron las goteras y las humedades en las casas y grandes destrozos en los cereales sembrados. Si establecemos una comparativa para comprobar si este periodo ha sido el más lluvioso de la historia pluviométrica registrada en Villamartín nos es imprescindible recurrir a los datos que recopiló la familia Rivera desde 1919 y a otros posteriores con los que hemos cubierto los últimos 127 años Veamos.

 


Comparativa de los eneros más lluviosos
. Nuestro año ocupó el quinto lugar. Ampliamente superado por otros eneros. Lo que sí cabe destacar es que no había registros de un enero tan lluvioso desde 1941.

 


Comparativa de los febreros más lluviosos
. Igualmente ocupó el mismo quinto lugar. En este caso teníamos un antecedente más cercano, el de 2010.

 


Comparativa del bimestre enero-febrero más lluvioso
. Los periodos lluviosos no tienen por qué coincidir cabalmente con meses naturales, por eso he llevado la comparativa a escala bimensual (enero + febrero), ya que las lluvias se repartieron en un porcentaje similar en los referidos meses. Aquí sí que destaca el dato, ya que solo se ve superado por el año 1941. Por entonces comenzaron las lluvias el 1 de enero y se mantuvieron hasta el 20 de febrero, con 27 días de lluvia. El año natural alcanzó los 1182 mm y el agrícola (septiembre’1940 – agosto’1941) los 1307 mm, récord absoluto.

 


Comparativa de los bimestres más lluviosos
. Por último, una cuarta comparativa, extrayendo de esos 1284 meses tabulados los bimestres más lluviosos. Ahí nuestro bimestre de 2026 queda el tercero, tras los espectaculares y no lejanos noviembre y diciembre de 1996 y los ya conocidos enero y febrero de 1941. El quinto y sexto lugar lo ocuparon dos bimestres del mismo año (1936) y si sumáramos el trimestre completo de ese lluvioso año, nos iríamos, sin duda, al periodo más lluvioso de nuestra historia reciente con 729 mm.

 


Resumiendo
, podemos decir que los datos bimensuales enero-febrero no supusieron un récord, pero sí algo excepcional al ser superado en muy pocas ocasiones. Tendríamos que remontarnos a 1996 (30 años) y a 1941 (85 años) para encontrar bimestres que superaron al de 2026.